
¿Quién no ha leído o escuchado hablar, alguna vez, de El Principito?. El maravilloso relato de Antoine de Saint Exupéry que narra la historia de un niño que un día decide huir de su planeta, por sentirse molesto con su vanidosa flor, para comenzar así un recorrido que lo introduce en el extraño mundo de los adultos.
En este marco se desarrolla la historia que contiene reflexiones de vida desde la perspectiva de un niño que descubre que su búsqueda concluye en el mismo punto de partida de su viaje y las de un hombre que en su alma siempre albergó la magia de niño en medio de un mundo de serios y razonables adultos.
“...los ojos son ciegos. Hay que buscar con el corazón”. Muchos hombres buscan y gastan energías en buscar lo que no pueden encontrar y no se dan cuenta de que lo importante muchas veces está más cerca de lo que ellos creen y sólo lo descubren cuando finalmente de tanto ignorarlo lo pierden para siempre.
Es por eso la necesidad de El Principito de volver a recuperar lo que perdió, a esa flor única entre todas las flores del universo, a esa flor igual a todas pero sin embargo la más especial porque es la flor que el ama.
“...Uno se arriesga a llorar un poco si se deja domesticar...” . Y también si deja de creer en la magia, en la inocencia y en las cosas simples de la vida por obligar a crecer al niño que todos llevamos en el fondo de nuestro corazón.
Un libro que más que cultura literaria es un libro lleno de amor y esperanza, un libro que tal vez nos haga valorar lo bello que ya existe en nuestro alrededor...