lunes, 29 de setiembre de 2008

La atracción de las tinieblas

Resides ahí, en un saliente, de cara al precipicio;
tú, a quien tanto amo.
Te bamboleas, mostrando tu insolente sonrisa de estrellas
y a mi corazón lo invade en hordas la angustia ciega.
Me obstino en ampararte con mi sombra,
Y, sublevada, con mis frágiles fuerzas pugno
por evitar lo irrevocable: tu destino.
Infatigables buitres te sobrevuelan.
Carroñeros que tú mismo atraes a tus aires.
De rocas hace tiempo se perfilan tus caminos
e, insurrecta, te niegas a esquivarlas.
Te deslizas presurosa hacia un mar de hostilidades,
sin calibrar el peligro de sus tortuosas orillas
y aún en tu delirio, ondeas ufanamente las banderas,
así la ola más fiera te avizore y trague.
Ya las palabras que ante ti esgrimí perdieron sustancia,
y mis armas -por siempre blancas- de estériles se oxidaron.
Y aquí estoy, impotente ante las tinieblas que te abarcan
y a las que, inconsciente y desnuda, codicias prodigarte.
Y sé, porque mi amor por ti es infinito,
que, incluso hasta esas tinieblas frente a las que
con tanta fe luché para evitarte,
me adentraré contigo...

Me voy a ir de ti...

Me voy a ir de ti. Marcharé sin equipaje; no se cargan valijas en la huída. Partiré con el alma descubierta, y expuesto el corazón sangrante.
Me voy a ir de ti. Tomaré la senda más umbría ni la sombra celará mi sentencia. Entornaré la mirada para que la luz no hiera mi llanto ni la retina ilustre la ausencia.
Me voy a ir de ti. Hollando la tierra, los pies, resecaran cada metro desahuciado; permutando el rastro en polvo, la huella en ceniza. Dejando el camino sumido en pantanos de arenas. Sin senderos de retornos.
Me voy a ir de ti. A la mente entregaré las llaves del delirio. Despreciando al desamor me desprenderé de su martirio; como de una piel que ya no vibra o una sangre sin latidos.
Me voy a ir de ti. Custodiaré mi pasión en otro templo. Lejos de tu nulo amor; a lontananza de tu silencio.