Te odio de manera tan absurda
que me sigo enamorando.
Me interrumpes cuando intento olvidar,
olvido cuando muero
y la carta de muerte propia
no me da ningún consuelo.
Nacen de mis manos tus senos
y mis palmas recuerdan tus caderas;
mueren en mi pecho tus deseos
y suelo recordarte en las distancias.
Es que no me comprendo,
no me encuentro sin ti
y no conozco camino fiel.
Es que ya no sé ni mentir,
ni fingir que no quiero,
ni lo puedo corregir.
