domingo, 14 de octubre de 2007

Péndulo casual



Fueron primero dieciséis
meses...
cuatro meses......


luego doce meses......
ocho meses...


(tic tac)

...diez meses...
y ya casi ninguno.


(silencio)

El tiempo está por venir.

sábado, 13 de octubre de 2007

Y si supieras...


Aunque sé que nunca
me has querido,
que sólo me has hecho
daño
y es falso el placer que
me provoca tenerte a mi
lado.
Aunque sé que, en el
fondo, no somos el uno
para el otro
y no hay palabras o
momentos que valgan la
pena.
Aunque todo me diga
basta ya, aléjate.
Aún sigo llamándote.
Aún sigues aquí.
Si tan sólo supieras todo
el mal que me has
hecho,
si tan sólo supieras...

Mañana de primavera


A lontananza, allá en el cielo que recubre la ciudad, asoma un sol neonato y pujante que avanza rompiendo nubes. Colgar allí los ojos y deleitarse en los matices que hoy nos regala la naturaleza, es un beso para el espíritu. Probablemente la urbe, ya bullirá de idas y venidas. De gente atareada en cumplir las devociones y deberes que les marque la jornada; pero en el pueblo, parece que remoloneara el día... No se escuchan perturbadores ruidos a esa hora tan temprana. Tan solo susurra un reparador silencio, quebrado por el porfiado canto de los gorriones, jilgueros y algún mirlo que, despiertan en esta amanecida, que fulgura primaveras.

Silenciosa, una mujer camina, paladeando los detalles; los gratos pormenores que le entrega el día. A su derecha, desde los naranjos distribuidos a metros parejos sobre los parterres de la acera, a su paso, cae el azahar maduro; impulsado por la brisa. Sus ávidos ojos, siguen el camino desde las ramas del árbol hasta suelo que dibujan los blancos pétalos. Semejan una cálida y fragante nevada. A bocanadas, la mujer, se bebe el límpido aire que la rodea. No se divisa a nadie en todo el largor de la estrecha calle…

Al poco, desemboca en la avenida que la llevará al destino de su paseo, y allí, se cruza con un perro de grandes orejas, que roza con su pelambre la larga falda de ella, que, el viento ha comenzado a bambolear. Tras el animal camina un hombre: su dueño. Éste, viste barba rala y entrecana, y en el semblante, aún se le adivinan los estragos del sueño; o tal vez, de una plomiza noche de insomnio. Es un desconocido, hay tantos foráneos en el pueblo... El hombre, con voz tenue, acompañada por un gentil ademán, educadamente, da los buenos días, y ella, sonriendo ante la atención, poco común en estos tiempos; responde al saludo, mostrando su mejor sonrisa.

En la orilla izquierda de la calle, una joven madre, abrocha el cinturón de seguridad de la parte trasera del vehículo, a un niño de cinco años aproximadamente. Al lado de éste, un bebé, sentado en su sillita, especial para automóviles, llora desconsolado. La madre, en exceso agitada (se le caerá encima la hora del trabajo) grita, e infiere amenazas contra el crío, que, lejos de callarse, incrementa la llorera sin comprender la irritación maternal... Nuestra amiga pasa de largo, esta vez no tiene palabras para saludar, y sin poder evitarlo hace un gesto de incredulidad con la cabeza y masculla para si misma… No entiende donde llegaremos con estas prisas que nos empujan a vivir la vida con tan alto grado de aceleramiento, sin apenas condescender con ella.

Un adolescente, ligeramente obeso, sale de su domicilio y casi colisiona con la mujer. Sobre la espalda, la mochila cargada de libros ¿los usará? y en la mano, un pan de leche que con fruición se lleva a la boca y muerde.El chico la contempla con la mirada baja y un mohín antipático en los labios. Ella le devuelve la ojeada, y piensa; qué estará urdiendo este mocoso. Y adelantándolo, continúa su ronda, con el chaval, que parece perseguirla, detrás.

A lo lejos, ve a una conocida, duda en llamarla para así pasear juntas. Si la detengo, recapacita, me perderé el goce de contemplar, hacia dentro, esta preciosa mañana que apunta a un esplendente día. La amiga, al cruzar de acera, la divisa a ella y se detiene, dispuesta a esperarla…

Se acabó el sosiego, ya no habrá en toda la jornada un minuto más para saborear estos instantes de paz que, la vida, de vez en cuando, sobre todo cuando sabemos verlos, nos confiere. Y qué afortunados son los que saben apreciarlos en su valía.

Acelera el paso para dar alcance a la compañera que pacientemente aguarda, y por última vez posa los ojos en el horizonte, allá sobre la capital. Y ve como las nubes, por el sol vencidas, se han disipado, y éste, presumido, alarga sus rayos y se hace dueño del raso cielo.

viernes, 12 de octubre de 2007

Soneto para un cuadro


Despliega el crepúsculo sus colores
sombreando al infinito de dorados.
Un árbol, que al ocaso brinda amores,
queda ante tanta belleza extasiado.

Flamígera, la tarde loa honores
al bosque de hermosura coronado.
Adiós, musita el día, cerrando flores.
Ostenta la noche astros azulados.

El sol marcha a su nocturna morada,
rendido por esa luna impaciente
que lo adormece cantando baladas.

Cabalgando irrumpe la madrugada.
Y la fronda suspira complaciente,
por esta primavera adelantada.

Toma mi mano...


La acera está sembrada de naranjos en flor. En la esquina opuesta, un árbol, del que desconozco su especie, destaca por su soledad. Es un árbol nuevo, de poca alzada, sus ramas refulgen, cuajadas de yemas y hojas de un color verde joven. Está amaneciendo y la luz de la farola aledaña se posa en su copa, dándole un toque esplendoroso, a pesar de su pequeñez. Solo…

Un caracol de oronda y bruna concha, escala lentamente una fachada encalada. En toda la nívea e inmensa pared, no hay otro. Lánguidamente, se arrastra dejando el viso de su rastro en cada milímetro avanzado, como una señal, por si acaso, algún hipotético hermano se decide a imitarlo. Solo…

Desde unos contenedores de basura, surge un gato que se cruza ante mí. Es un felino escuálido, al que su piel blanca, hace parecer más fantasmal aún. Al sentirse a salvo, ya en la acera, se sienta solemne a verme pasar. Solo…

Canta el gallo, hoy no sé si por casualidad, ningún rival del corral lo secunda, en ese instante me percato de que, en los quinientos metros, aproximadamente, que llevo recorrido, no me he cruzado con ningún ser humano. Ya próxima a mi lugar de llegada, allá en la lejanía, bajando por la calle peatonal, diviso a un ser caminando, que debido a la distancia, más parece una sombra… Solos…

Y al llegar a mi destino, pienso y me digo: soledad, hoy es tu día, toma mi mano…