viernes, 12 de octubre de 2007

Soneto para un cuadro


Despliega el crepúsculo sus colores
sombreando al infinito de dorados.
Un árbol, que al ocaso brinda amores,
queda ante tanta belleza extasiado.

Flamígera, la tarde loa honores
al bosque de hermosura coronado.
Adiós, musita el día, cerrando flores.
Ostenta la noche astros azulados.

El sol marcha a su nocturna morada,
rendido por esa luna impaciente
que lo adormece cantando baladas.

Cabalgando irrumpe la madrugada.
Y la fronda suspira complaciente,
por esta primavera adelantada.

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