
Llamaron a tus sentidos sus besos.
Recibirlos no quisiste,
del orgullo ibas presa.
Mas, de vez en cuando te liberas,
dejándote mecer por ellos.
Y regresas a sus dominios,
anhelando rozar el cielo.
El ensueño te eleva sobre un mar de espuma.
Socava tu vientre el pájaro del deseo.
El sur del éxtasis pretendes transitar;
mas la realidad te golpea -olvida ese sueño-.
Vientos de nieve te derriban
y, herida de nostalgia, caes al suelo.
Llamaron a tus sentidos sus besos.
Recibirlos no quisiste,
los obviaste con desprecio.
Y allí donde otro para ti se inventó la llama,
sólo quedan cenizas y recuerdos.
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