sábado, 30 de agosto de 2008

Instantes

Entre tus manos confinaste las mías;
nunca hubo prisión más dulce.
Todo el peso de tu deseo
en aquella caricia,
todo el ancho del amor
en la yema de mis dedos.
Luego, aún las manos fundidas,
apartamos de ellas la mirada,
y se encontraron nuestros ojos.
Espejos que jamás necesitaron
la pericia de la palabra.
Todo el peso del deseo
en ese tu contemplarme,
todo el ancho del amor
en mis pupilas.
El mundo detenido.
Interrumpieron los pájaros el vuelo.
Cesó el viento de bambolear ramas.
Hasta el mar enmudeció las caracolas
y decretó silencio a sus olas.
Todo el peso de tu deseo
a mis sentidos suspira.
Todo el ancho del amor,
en mi corazón danza.
Tú y yo,
suspendidos en ese instante recogido,
donde concordaron nuestras almas.

martes, 12 de agosto de 2008

Se aleja...

Se aleja de ti aquella que pensaste sombra sempiterna.
Se aleja sin que te percates de la sima que, implacablemente, os
distancia. Inconmovible sonríes; la certidumbre ofusca tu
entendimiento. Tan irrefutable juzgaste su lealtad que te abonaste al
silencio y ni una palabra blanca tributaste a la pasión que languidecía.
Se marcha. Llueve en su mirada y las tormentas truenan en sus
manos. En la boca los besos que despreciaste; dormirán eternamente.
Suspira. Sin volver la mirada, suspira. Y el aire abrasa el jardín de su
pecho. En el corazón las flechas a dolores se desprenden, dejándolo
en carne viva. El reloj tritura los minutos mientras ella, cada paso más
ágil, salmodia al olvido.
A lontananza divisa tímida la luz y una dama, de verde vestida, le
muestra el principio del fin; alumbrándole la salida.