martes, 12 de agosto de 2008

Se aleja...

Se aleja de ti aquella que pensaste sombra sempiterna.
Se aleja sin que te percates de la sima que, implacablemente, os
distancia. Inconmovible sonríes; la certidumbre ofusca tu
entendimiento. Tan irrefutable juzgaste su lealtad que te abonaste al
silencio y ni una palabra blanca tributaste a la pasión que languidecía.
Se marcha. Llueve en su mirada y las tormentas truenan en sus
manos. En la boca los besos que despreciaste; dormirán eternamente.
Suspira. Sin volver la mirada, suspira. Y el aire abrasa el jardín de su
pecho. En el corazón las flechas a dolores se desprenden, dejándolo
en carne viva. El reloj tritura los minutos mientras ella, cada paso más
ágil, salmodia al olvido.
A lontananza divisa tímida la luz y una dama, de verde vestida, le
muestra el principio del fin; alumbrándole la salida.

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