Aliada con tu silencio,
mi lengua calzó cadenas a las palabras
que, reverentes,
se precipitaron al arca de la anda.
Internamente,
algo insondable gritaba:
"Ve hacia él.
Que sea tu música quien abra
su ausencia de agua."
La voluntad
- columna pétrea -,
bajo los pies
- veredas alucinadas -,
en el corazón
- una mano muda -,
derramó satén y escarcha.
¡Qué orgullo omnipotente!
¡Qué lasitud impregnando mis alas!
¡Qué perturbado propósito!
¡Qué pobreza, mis venas quemadas!
El martillo del hastío
-materia desangelada-
clavó el desarraigo,
en la falla de mi garganta.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario