No recuerdo quien era;
ni su pelo, ni su piel,
ni sus dedos, ni quien fue.
Fueron los trago prohibidos,
en el bar del edén;
un Adán empedernido
que no me deja crecer.
Inocente del pecado,
pero cómplice a la vez;
marginado del orgasmo
y del periódico de ayer.
Quizás solo iba de viaje,
buscando placer.
No recuerdo quien era,
ni conozco a esa mujer;
no me llega a la cabeza,
no lo puedo entender.
Anduve por lugares lejanos
cerca de cada piel;
estuve luchando en vano
por lo que quise tener.
Me acosté con ella
lo sé, porque aún llevo su aroma;
un perfume sexual
que simula polvo de estrellas.
No recuerdo quien era,
ni sé si la volveré a ver;
me quedaré con la duda,
pero la recordaré con placer.
