viernes, 13 de julio de 2012

Desde el poniente...




Tú dejabas pasar los días
como quién siente
indiferencia por la muerte.
Como quién jamás
libó la dulce primavera,
como quién nunca
oyó la risa de la suerte.

Yo venía desde el poniente.
Desde allá donde nace la lluvia.
Traía en las manos
voluntad y lirios,
y el trigo, en tus ojos, florecía.

Y en el valle de tu cuerpo,
que de sombra adolecía,
la estrella de mi boca
-a besos-
incendió,
la raíz de tu agonía




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