viernes, 16 de febrero de 2007

La Cueva


Siempre era lo mismo, después de una agotadora rutina de trabajo solía ir a la taberna "La Cueva" a tomar unas cuantas cervezas y fumar algunos cigarrillos para poder relajarme y estar en compañía de mis amigos. Llegaba a las diez de la noche en punto, iba caminando directo al toca disco, ponía unos cuantos centavos y elegía mi canción favorita.

Comenzaba mi estadía con una partida de billar y luego me iba a brindar y aprovechaba el rato para conversar con Moe (dueño de la taberna) sobre mis problemas y esperar sus consejos, y un par de jarras y unos cuantos cigarrillos a su cuenta; con el pasar del tiempo la taberna se llenó de todo tipo de gente desde adolescentes hasta prostitutas (las cuales los hacían perder la virginidad), y me ponía a recordar esos viejos tiempos. El resto de la noche me la pasaba contando chistes, criticando y burlándome de mi jefe. "La Cueva" era el paraíso de cualquier obrero fatigado luego de un día de extenuante trabajo en la planta nuclear, como sucedía en mi caso y el de los demás obreros. Luego regresaba a mi departamento y me acostaba para irme a trabajar al día siguiente y despedirme de "La Cueva" hasta la próxima noche.

jueves, 15 de febrero de 2007

Colapso Total




Llegué temprano a pesar de unas cuantas horas de retraso por problemas en el aeropuerto, ya estando en mi destino abordé un taxi y le dije que me llevara a unos de esos hoteles baratos, porque en esos tiempos no contaba con muchos recursos económicos y sólo podía abastecerme de mi ahorros. Entramos por un callejón el cual me hizo recordar a Lima y nos estacionamos frente a una casona antigua. Entré al lugar, renté un cuarto por unos cuantos días a un precio módico, el cual cumplía con mis expectativas. Ingresé al cuarto y me llevé la peor impresión, era un cuarto inmundo el cual poseía las peores condiciones de vida, pero no podía dar marcha atrás.


Las noches eran un calvario, no podía disfrutar de los servicios de primera necesidad como era el agua y la luz y los demás huéspedes hacían alboroto todas las noches sin dejarme dormir aunque algunas horas, por lo cual salía todas las noches a la plaza y disfrutaba viendo viejas costumbres de los pobladores, tomando algunas fotografías, haciendo algunas notas y comprando algunos presentes para algunos amigos y familiares. Acabada mi estadía en el mugroso hotel partí con rumbo al aeropuerto para comprar boletos de vuelta a Lima y por fin poder descansar en mi departamento con la tranquilidad que me brindada un lugar como Miraflores.