
La escarcha perfiló sus labios.
El desamor nevó en su garganta.
Las promesas infringidas
oxidaron desesperanza y
ahora duermen sumergidas
en un silencio de agua.
En ese invierno temprano
que se derramó sobre el alma,
los vientos son cuchillos
que hieren hasta las lágrimas.
El corazón de calor adolece
y, en ese amor que un día
envidia fue de la llama,
ya sólo impera la ausencia,
profunda y desalmada.
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