Ayer murió el amor nuestro.
No hubo réquiem ni campanas;
no hubo dudas ni pañuelos;
no hubo piedad en la partida;
no hubo clamores ni tormento;
no hubo juez ni veredicto;
no hubo trauma ni esmero;
no hubo signos profanados;
no hubo epílogo ni pretextos.
Difunto nuestro amor,
cenizas sus huesos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario