domingo, 29 de julio de 2007

Shhhh! Un secreto




Es triste encontrar un beso en la cocina, caído, moribundo, semi-devorado por las alimañas nocturnas. Ayer encontré uno de esta guisa justo debajo de la nevera. Lo recogí y lo guardé en una cajita, de esas pequeñas de madera que venden en los mercadillos de mi ciudad. Lo puse con cuidado en el mueble del salón, y hoy ya no estaba.

Seguramente se marchó por la noche al cementerio de los besos. Un lugar apartado de este mundo al que todos los besos que no damos van a morir.

Mucha gente ni siquiera sabe que ese lugar existe, piensan que los besos no mueren, y que están ahí para cuando queramos, pero no es cierto. Cada beso que no damos va perdiendo su brillo, su alegría, se vuelve pesado, oscuro, y se va oxidando poco a poco en nuestros labios, hasta que llegado el momento, una noche, se resbala furtivamente por nuestra cama y emprende el viaje a su lugar de descanso donde muere.

A veces lo acompaña una lágrima, que son las únicas que conocen el camino y que guardan el secreto celosamente para que ningún furtivo expolie ese sagrado lugar.

Sólo los besos que damos, viven eternamente. Se rompe la baina en que están envueltos cuando nacen y su esencia se esparce mezclandose con el espíritu de a quien se lo damos para así vivir eternamente. Pero esto es un secreto que os confío.

A mi me lo contó una bruja muy sabia, y yo, que no quiero que se os mueran los besos, os lo cuento a vosotros....

miércoles, 25 de julio de 2007

Ssshhhh...





¿Y qué piensas?


Nada...
¿Y qué no hablas?

Me gusta lo que me dices, me gusta lo que me has dicho... Callo para no estropear el eco de tus palabras en mi mente. Era un momento de silencio tras oír tu voz en que cierro los ojos, me imagino que estas acurrucada a mi lado y te he sentido cerca.

Entonces lo hemos estropeado...

No, sólo lo hemos pospuesto hasta otro silencio...

martes, 24 de julio de 2007

¿Quién lo sabe?




Y la luz entra por la ventana, con esa agradable sensación de calor sobre mi rostro. Despacio me giro para mirarte, para besarte sin que te des cuenta, para no dejar de sentir que me despierto envuelto en ti.

A veces me pregunto si los sueños son solamente eso... Sueños.

Pero hoy me pareces tan real que intentaré memorizar el perfume que dejas en mi almohada.

sábado, 21 de julio de 2007

Tiempo...




Sientes como pasa el tiempo, como se va, como huye sin apreciar tu espera, como acelera, mientras tú estás quieta, mientras está pasando. No te da tiempo a pensar, a ver, ni a apreciar, sólo sientes que se va. Estás preparada para ir con él, para vivirlo, para acompañarlo, pero él te ignora, y simplemente se escapa...

Nada hará que vuelva, nada lo devolverá, no lo podrás recuperar.

Sientes como pasa el tiempo, como se va, como huye sin apreciar tu espera, como acelera, mientras tú estás quieta, mientras está pasando, pero también puedes sentir, que lo estas aprovechando.

"No esperes al tiempo, haz que él te espere a ti".

viernes, 20 de julio de 2007

La chica de las zapatillas Converse




Nunca imaginé darme un beso con ella, tomarla de la mano, abrazarla y hacer muchas cosas juntos. Al principio todo fue un desastre, no nos saludábamos, no nos veíamos y cuando nos cruzábamos... cada uno iba por su lado.

Me acuerdo del primer beso que le di, fue cuando me escapé de clases para ir al baño. La encontré ahí parada en el pasadizo y nos pusimos a conversar de cosas insignificantes (como en la mayoría de veces), la pegué contra la pared y la besé, me quedó mirando y luego se fue mientras yo le gritaba:
- Fría, helada, gélida...

Quizás nos llevábamos mejor por teléfono, como en todas las noches en que yo la llamaba para contarle un cuento (ya que ella nunca lo hacía) o contarle unas anécdotas o cosas así (todas las llamadas sólo duraron un mes y medio porque vino una cuenta de teléfono muy grande y me castigaron). Hablábamos horas y horas y nos amanecíamos hasta que se despertaba "alguien" y tenía que colgar.

En los recreos ni hablar, a las justas nos mirábamos y nos hacíamos señas para poder conversar ya que ella se "palteaba" por mis amigos. A la hora de salida como que cambiaban las cosas; tenía que esperar que me llame su amiga para poder ir caminando con ella hasta su casa mientras dábamos vueltas, vueltas y más vueltas... En el transcurso del camino siempre parábamos peleando por estupideces y ella me decía:
-Eres un recentido- y yo le respondía imitando su:
- No sé...

Las salidas al cine eran una tortura, siempre llegaba tarde ( de cinco a diez minutos de retraso), la saludaba y le decía:
- ¿Qué quieres ver?- y ella:
- No sé- y así pasábamos largo tiempo sin saber que íbamos a ver; al final era yo quien escogía la película, el horario y hasta el sitio donde nos íbamos a sentar, pero igual la pasaba bien, al terminar la película andábamos paseando por parques que estaban cerca a su casa (según ella para que nadie la vea) nos besábamos, abrazábamos y rosábamos nuestros rostros, luego ella se iba y yo mientras caminaba hacia el paradero me ponía a pensar en un montón estupideces.

Sin duda el mejor sábado que pasamos fue cuando me compré mi helado de chocolate. Por el camino le iba sacando "cachita" hasta que se amargó y me machó la cara de chocolate y se comenzó a reír, a mi también me dio risa cuando le hice lo mismo, luego ella me miró y... nos besamos, en ese momento se me cruzó por la cabeza:
- "Que bien sabe el chocolate en tus labios", de ahí ocurrió la desgracia, me botó mi helado y me quedé triste, pero de ahí se me pasó.

Los besos en el colegio le daban miedo y siempre me decía:
- Es que nos van a poner hoja de incidencia- o sino me salía con otra excusa parecida pero al final acabábamos dándonos varios en los recreos y el mejor fue a espaldas de su tutora.

El sábado de "estudio" no sirvió de nada, al fin y al cabo yo sabía que nos íbamos a estudiar sólo nos dedicamos a caminar por parques hasta llegar a la casa de su amiga. Me hubiera gustado regalarle la hojita que decía:
- "Te amo Joselyn", pero como ella es tan "histérica" no quiso recibirla así que la boté y lo único que le pude enseñar fue que Virgilio escribió La Eneida como yo le escribo este cuento a ella.

viernes, 13 de julio de 2007

Un lapsus mental




Casi siempre oímos a alguien decir que le gustaría volver a la infancia, que es cuando más felices somos, sin problemas, sin preocupaciones ni dilemas. Pero siempre, aquellas personas que lo dicen, son las que han tenido una infancia feliz, en la que han tenido quien les mime, quien les llene de vida. Pero nunca nos paramos a pensar, en aquellos, en los que la infancia, por desgracia, no ha sido una buena época, no ha sido tan dulce, y cuando crezcan, seguramente, no deseen volver a ser niños, ya que tal vez, no podrían volver a ser adultos.

Alguna vez, yo también he dicho que es una de las mejores épocas de la vida, pero hoy, al leer un "post" de un blog lo he pensado de otra forma, y me he dado cuenta de lo egoísta que es por nuestra parte, desear volver a ser niños, sin pensar en lo que hemos tenido que luchar por ser adultos, por lo que han tenido que sacrificar los que nos quieren por darnos lo mejor, por que consiguiéramos aceptar aquello en lo que nos estábamos convirtiendo. Tal vez, al desear ciertas cosas, deberíamos planteárnoslo seriamente.

"Ten cuidado con lo que deseas porque lo puedes conseguir".

Silencio


- ¿Oyes?
- Nada

- Es evidente que alguien muere bajo el puente
....la Muerte no llega sólo al que la pasa.

Los sueños


Los sueños alimentan las ilusiones del día a día, llenan de felicidad la memoria, y dejan volar la imaginación. Acompañan a todas las personas, de diferentes maneras, dando forma a lo deseado, tranquilizando lo inesperado.

"Los sueños, llenan nuestros corazones, pero por desgracia no lo alimentan".

domingo, 1 de julio de 2007

Antes de dormir


Hace un par de noches sucedió algo que no puedo entender todavía. Me acosté a dormir agotado. Venía de una semana muy estresante en la que tuve que tomar muchas decisiones solo. Me desvelé, estuve "bloggeando" por aquí y por allá, leyendo cosas que tampoco me aportaron demasiada tranquilidad. A las cuatro y media de la madrugada decidí dar fin a mi insomnio. Cuando fui a la cama noté que mi novia se había dormido hacía rato, también mi perro. Me metí en la cama tratando de no despertarlos. Y ahí sucedió: sintiéndome un poco solo por una cantidad abrumadora de temas que no he tocado con nadie en estos días, apoyé la cabeza sobre la almohada y me hallé a hablando imaginariamente con una amiga a quien hace un tiempo que no veo.
Gena Rowlands se hace la película e imagina una cantidad de cositas que no sucedieron ni van a suceder. Pero no es mi caso, eh, no lo crean, yo era conciente de lo que me pasaba, no era más que una forma de descargar. Además de pronto yo veía a esta amiga como un interlocutor válido para pila de temas. Y como no está, bueno, recurrí a esto. Ahora, les pregunto a ustedes: ¿Alguna vez les ha pasado algo similar?, ¿Recurren a la almohada como a una alfombra mágica?, ¿Qué tipo de relación tienen con la almohada? Siempre dicen: "Lo voy a consultar con la almohada". Ahora veo que la almohada tiene un menú de opciones, es como una Caja de Pandora.

Voy a explicarme, en esta fantasía dirigida por mí no le hablaba de verdad. Era como si yo estuviera haciendo una visualización, pero no tanto. Yo inventaba las voces, como si todo empezara en una llamada telefónica: "Hola, ¿Cómo andás?" decía ella. "Bien, ¿Y vos?" contestaba yo, en todo momento conciente de que yo estaba inventando esa fantasía que era como visualizar un guión, el que me habría gustado vivir en ese momento. Le pregunté cómo andaba su gata. La última vez que hablamos me había contado que su gata blanca estaba muriendo. Ella estaba muy triste, me explicó lo de la gata y me dijo que la muy desgraciada se había comido una rata envenenada en una de sus excursiones nocturnas. Un bajón, dijo, "es algo que daría para escribir". Se ve que estaba muy triste, a sus animales los quería, no era joda. Me describía cómo la gata temblaba, y me preguntaba si no me acordaba de ella, "la viste cuando estuviste en casa ¿No te acordás?". "No, no me acuerdo" le contesté, anestesiado. Después de la última conversación telefónica en la que me contó esto, recordé que vi a esa gata cuando estábamos en el "living", a través del vidrio, apoyada en el borde de la ventana del lado de afuera. Llovía y me acuerdo que le dije: "¿Y no les da cosa dejarla afuera?,¿No te da miedo de que le pase algo?" y al final le pasó. Pero cuando la última vez hablamos por teléfono ella me contó de su gata, no solo no recordé a la gata sino que no di importancia a esta confesión que ella me hizo, ni fui capaz de entender su dolor. Mi hostilidad hacia ella había ido creciendo, no estaba como para comprender. Mi ego estaba todo machucado, me sentía muy herido y hasta la memoria tenía bloqueada. En la conversación imaginaria, esa que tuve antes de dormirme, yo le preguntaba cómo andaba la gata, ella me decía: "Bien, ya se curó". Todo era ideal, no como la vida real. Ella volvía a entenderme, volvíamos a ser amigos. Hablamos un rato de la vida de cada uno. Sentía que ella me quería como antes, mi amiga, con la que me pelié hace un par de meses no se muy bien porqué. Mi amiga, a quien extraño. Sin embargo no me puse a llorar nunca por eso (cosa que he hecho en el pasado por cosas similares) sino que me tomé esta interrupción en nuestra amistad como algo necesario.

Ultimamente se había vuelto muy crítica a la vez que hacía mi obra (a la que consideraba cursi, resumiendo) y mi vida (de la que todo le molestaba al fin y al cabo). Me decía cosas que me jodían, como que a las doce de la noche no era hora para llamar a su casa, esas eran las reglas que no las ponía ella sino su familia. No estaba haciendo de amiga, aunque entiendo que quería que yo viera las cosas más objetivamente, no me estaba ayudando, elogiaba a mis enemigos y me tiraba a mí con todas las críticas. Supongo que estaba pasando por una fase de sinceridad brutal. Yo también con ella, aclaro. Así fue, crecimos. Las personas cambian, y no hay peor cosa que seguir hablando con alguien que ya no nos entiende o a quien no entendemos, que nos rechaza o a la que rechazamos por algún motivo. Así que quedó todo en "stand by". Esa conversación imaginaria que tuve con ella me hizo sentir que por lo menos para mí era importante esa relación, que estábamos muy próximos más allá de que nunca más nos viéramos. Llegué a fantasear que ella me iba a escuchar. A fantasear ¿Eh?; aclaro, porque hay gente que cree en estas cosas de la telepatía de verdad. Tengo la tendencia a llevar las cosas a su punto máximo de ebullición, así que esta conversación imaginaria no es más que otro de mis "microdramas".

Los monto no se si para entretenerme, o porque la vida te da para llevar adelante un solo drama (o una sola comedia, según cómo se vea) pero no hay lugar ni tiempo para todos los personajes y obras a la vez. O sea, no se pueden montar dos o tres obras a la vez, al menos en la que uno es el protagonista. Se elige uno de los títulos. En mi caso elegí uno que incluye paz y armonía. No quiero más basura, molestia, ruido o confusión. Quiero amor, mucho amor. No dolor. Así que esa obrita me estaba molestando y bajó de cartel, para el bien de ambos. Lo raro fue que nunca había utilizado este mecanismo de defensa, tal vez se pueda clasificar dentro del género "fantasía"... qué se yo. Se que muchas personas tienen fantasías sobre su vida (ganar el cinco de oro, ser famoso, ganar un premio, conocer a un ídolo), otros tienen fantasías sexuales (estar con Angelina Jolie , acostarse con una persona que los atrae mucho), otros alimentan fantasías indefinidas (estar en Hawai en una hamaca paraguaya sin hacer nada, matar al jefe, robar un banco, etc). Debo confesar que carezco de fantasías más que sobre mi vida, lo que sueño lo trato de hacer aunque me lleve mucho tiempo y sepa que es difícil, no los considero sueños entonces sino proyectos. Alguna fantasía tengo sí, claro. Pero no me caracterizo por un gran montaje ni nada. Se que la gente las tiene. Mi caso es diferente. Tal vez porque al escribir cuentos o novelas descargo una cantidad de material fantasioso. No importa. A lo que quiero llegar es que nunca me había pasado esto. Me sentí muy reconfortado con esta conversación nocturna, que habrá durado 5 minutos, porque después me dormí. Al otro día, cuando llegué al trabajo, le pregunté a mi compañera, con quien tengo una gran confianza, si a ella le pasaba algo así. "Ah, claro, todas las noches hablo con Juan, con Pedro, con Andrés, todas las noches antes de dormir lo hago", "ah, bueno, dije yo, qué locura". ¿En serio?", "pero claro". Y supongo que mi amiga Gabriela, que lo único que piensa es en "coger", en vez de imaginarse que habla con ellos imagina que se los "coge", "es totalmente normal". Llamamos a un empleado de la librería, el que se encarga de la seguridad del local, a los gritos. Vino en seguida. Le hicimos la pregunta clave. El estuvo internado en manicomios por problemas emocionales y adicciones, ahora está mejor. Cuando le dijimos lo que nos preocupaba nos dijo: "Uh... pero eso es estar a un paso de la locura...", nos miró aterrado. Le dije a él, un poco para tranquilizarlo, otro poco para dejar mi preocupación de lado, "viste, no son todos los que están ni están todos los que son", nos reímos. Cuando quedamos solos con mi compañera le dije: "Vos te das cuenta de que ese tipo de conversaciones son producto de la frustración de no poder ver a esa persona, o de no poder comunicarse, lo peor es que uno se hace la cabeza de que lo que está hablando con esa persona le llega, como si fuera una especie de telepatía, como si "chateáramos"...

Todo eso es frustración, "no tengo otra palabra para clasificarlo". "No, no es así, es normal, dejáte de joder", por ahí quedó el tema. Le pregunté a mi novia si ella tenía esas conversaciones imaginarias y me dijo que no. Si alguien me dice que se comunica con muertos lo veo más coherente, porque en ese caso sí que no hay forma de decirle lo que uno quiere a alguien que se fue. Aunque lo que yo hice también se puede considerar un ejercicio gestáltico. Qué se yo. No dejó de preocuparme un poco esta nueva forma de comunicación entrópica. Objetivamente va de mí a mí. ¿Para qué sirve entonces?, según mi compañera es muy sano el síntoma, "yo si no tuviera esos encuentros, esas conversaciones, me volvería loco, ay, no me imagino mi vida sin eso, estaría internado en el manicomio". Me viene a la mente, "Torrentes de amor", la escena donde

La almohada, esta amiga fiel que nos recibe todas las noches y nos acepta tal cual somos; ¿Qué eligen hacer ustedes con ella?, ¿Deberíamos sacarle más jugo a estos minutos antes del sueño?

Desde ya muy agradecido con cualquier tipo de respuestas.

Música que me acompaña mientras escribo este "post":
Badly Drawn Boy

Mi guitarra y yo


“Mi guitarra y yo”Esta combinación mata. No importa qué chico. Ni qué guitarra. Pero donde haya un chico con una guitarra (guitarra, bajo, cualquier cosa por el estilo) al hombro, el mundo todavía puede tener esperanzas. Siempre que me veo con mi guitarra al hombro -sobre todo en invierno- un cúmulo de sensaciones me asalta. Primero: no puedo dejar de mirame, o de admirarme. Pienso que está bien. Que da. Que es lo correcto. Que me voy a divertir. Que tengo una guitarra y no un arma. Que no todo está todo perdido. Que es una opción saludable en un sistema contaminado. Que es agua en el desierto. Que me bajo de la "bici" y me voy hacia el infinito. Que voy a tocar una canción que me gusta. Que va a haber "fueguito". Que me voy a divertir. Que me voy a llenar de gente que me va a querer. Que cuando me muera mi calavera va a cantar una canción, bien, bien arriba, y lo van a ver, que no va a ser solo polvo.

Claro que no me pongo a conversar conmigo mismo y ni me pregunto nada. No se necesita. Prefiero seguir así, ignorante, silencioso, mirando de lejos, pensando "Mi guitarra y yo”. Al menos, por un día, una fantasía no caerá.