viernes, 20 de julio de 2007

La chica de las zapatillas Converse




Nunca imaginé darme un beso con ella, tomarla de la mano, abrazarla y hacer muchas cosas juntos. Al principio todo fue un desastre, no nos saludábamos, no nos veíamos y cuando nos cruzábamos... cada uno iba por su lado.

Me acuerdo del primer beso que le di, fue cuando me escapé de clases para ir al baño. La encontré ahí parada en el pasadizo y nos pusimos a conversar de cosas insignificantes (como en la mayoría de veces), la pegué contra la pared y la besé, me quedó mirando y luego se fue mientras yo le gritaba:
- Fría, helada, gélida...

Quizás nos llevábamos mejor por teléfono, como en todas las noches en que yo la llamaba para contarle un cuento (ya que ella nunca lo hacía) o contarle unas anécdotas o cosas así (todas las llamadas sólo duraron un mes y medio porque vino una cuenta de teléfono muy grande y me castigaron). Hablábamos horas y horas y nos amanecíamos hasta que se despertaba "alguien" y tenía que colgar.

En los recreos ni hablar, a las justas nos mirábamos y nos hacíamos señas para poder conversar ya que ella se "palteaba" por mis amigos. A la hora de salida como que cambiaban las cosas; tenía que esperar que me llame su amiga para poder ir caminando con ella hasta su casa mientras dábamos vueltas, vueltas y más vueltas... En el transcurso del camino siempre parábamos peleando por estupideces y ella me decía:
-Eres un recentido- y yo le respondía imitando su:
- No sé...

Las salidas al cine eran una tortura, siempre llegaba tarde ( de cinco a diez minutos de retraso), la saludaba y le decía:
- ¿Qué quieres ver?- y ella:
- No sé- y así pasábamos largo tiempo sin saber que íbamos a ver; al final era yo quien escogía la película, el horario y hasta el sitio donde nos íbamos a sentar, pero igual la pasaba bien, al terminar la película andábamos paseando por parques que estaban cerca a su casa (según ella para que nadie la vea) nos besábamos, abrazábamos y rosábamos nuestros rostros, luego ella se iba y yo mientras caminaba hacia el paradero me ponía a pensar en un montón estupideces.

Sin duda el mejor sábado que pasamos fue cuando me compré mi helado de chocolate. Por el camino le iba sacando "cachita" hasta que se amargó y me machó la cara de chocolate y se comenzó a reír, a mi también me dio risa cuando le hice lo mismo, luego ella me miró y... nos besamos, en ese momento se me cruzó por la cabeza:
- "Que bien sabe el chocolate en tus labios", de ahí ocurrió la desgracia, me botó mi helado y me quedé triste, pero de ahí se me pasó.

Los besos en el colegio le daban miedo y siempre me decía:
- Es que nos van a poner hoja de incidencia- o sino me salía con otra excusa parecida pero al final acabábamos dándonos varios en los recreos y el mejor fue a espaldas de su tutora.

El sábado de "estudio" no sirvió de nada, al fin y al cabo yo sabía que nos íbamos a estudiar sólo nos dedicamos a caminar por parques hasta llegar a la casa de su amiga. Me hubiera gustado regalarle la hojita que decía:
- "Te amo Joselyn", pero como ella es tan "histérica" no quiso recibirla así que la boté y lo único que le pude enseñar fue que Virgilio escribió La Eneida como yo le escribo este cuento a ella.

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