domingo, 29 de julio de 2007

Shhhh! Un secreto




Es triste encontrar un beso en la cocina, caído, moribundo, semi-devorado por las alimañas nocturnas. Ayer encontré uno de esta guisa justo debajo de la nevera. Lo recogí y lo guardé en una cajita, de esas pequeñas de madera que venden en los mercadillos de mi ciudad. Lo puse con cuidado en el mueble del salón, y hoy ya no estaba.

Seguramente se marchó por la noche al cementerio de los besos. Un lugar apartado de este mundo al que todos los besos que no damos van a morir.

Mucha gente ni siquiera sabe que ese lugar existe, piensan que los besos no mueren, y que están ahí para cuando queramos, pero no es cierto. Cada beso que no damos va perdiendo su brillo, su alegría, se vuelve pesado, oscuro, y se va oxidando poco a poco en nuestros labios, hasta que llegado el momento, una noche, se resbala furtivamente por nuestra cama y emprende el viaje a su lugar de descanso donde muere.

A veces lo acompaña una lágrima, que son las únicas que conocen el camino y que guardan el secreto celosamente para que ningún furtivo expolie ese sagrado lugar.

Sólo los besos que damos, viven eternamente. Se rompe la baina en que están envueltos cuando nacen y su esencia se esparce mezclandose con el espíritu de a quien se lo damos para así vivir eternamente. Pero esto es un secreto que os confío.

A mi me lo contó una bruja muy sabia, y yo, que no quiero que se os mueran los besos, os lo cuento a vosotros....

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