domingo, 6 de abril de 2008
Factorial
Uno, dos y tres.
Sol nocturno, ritmo brillante, café caliente.
Uno el lugar alrededor del que fue relato misterioso entre caminos que
iban y venían más allá de los años y de los momentos.
Noches de música que unió a dos personas en dos encuentros de alcohol e
innumerables madrugadas meditando sobre por qués y qué se yos.
Poco a poco, entre luces y sombras, tres historias se mezclaron y
revolvieron para crear un cuento casi para niños, de no ser por algunos
pequeños adultos detalles.
Uno, dos, tres no siempre suman seis.
A veces soy sólo yo cual divisor perfecto
de perpetua potencia.
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