sábado, 27 de diciembre de 2008

Avenate

La distancia, con parsimonia,
hasta al más brillante de los amores,
a oscuras deja en la memoria.

domingo, 21 de diciembre de 2008

La noche...

La noche se desata
con bruno esplendor…
Mi alma no frecuenta sus estrellas,
ni el corazón palpita
ante el amarillo influjo de la luna,
aunque, en ocasiones,
le tiente perseverante su hermosura.
La noche se desata
con bruno esplendor…
Mis pasos se demoran
en las calles noctámbulas.
Y el espíritu, afligido,
galantea con la negrura
en un diálogo silencioso.
Hoy, disidente, te beso,
te beso a pesar del celaje que me ciñe.
Mi ser empatiza con el tuyo
y sigo el gélido marchar de tus horas.
La brisa sonámbula te recorre
y al unísono la respiramos.
Porque hoy tú, noche,
has conseguido…
penetrarme hasta los huesos.

lunes, 1 de diciembre de 2008

...y poder decidir si creo un nuevo espacio o recorro a mi manera un camino marcado en el mapa, como si fuera la primera vez...
(en algún momento de esta primavera)

Re-cuento

Un niño viajaba entre rosales y plazas grises, contemplando con ojos absortos las siluetas que vagaban por las calles sin sentido y llenaba sus días de sueños y mentiras mientras su diario registraba, más que todo, silencios. Su patio de juegos era ancho y ajeno como la pantalla de un filme repetido n veces con variantes de personajes, parlamentos, tiempos y lugares, en un constante ir y venir que, inmutablemente, regresaban al mismo punto tal como se regresa al hacer un círculo en el mar.
Ese niño era yo, naturalmente.

Concordancias

Soñaron juntos veredas de agua, islas peregrinas, fronteras derogadas, latitudes afines, hogueras y sábanas.
Soñaron juntos violetas al alba, oasis infinitos, arpegios de plata, aristas de espuma, cobijo y fragua.
Soñaron juntos soledades desmembradas.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Daría

Daría las rosas, todas las rosas que en mis jardines brotan, por borrar
de tu mirada ese viso de derrota que te hace compañía.
Daría la libertad a mi sonrisa, y la dotaría de alas, así se posase traviesa
en tu boca, y a tu sonrisa, despertara.
Daría las caricias que me sobran, y, si de tanto darse se agotan, algunas
nuevas concebiré; sin desalientos ni demoras. Para que así, tu piel, a
fuerza de lisonjas, recobre la pasión, que perdiera otrora.
Daría una ola de esperanza, que anegase y diese fin, a esa tu
desesperanza. Esa, que he visto apoderarse de tu ser, y que con el paso
del tiempo, en tus centros se arraiga.
Y es que por verte feliz, daría hasta mi alma. Como ya te di mi corazón,
antes de que te percataras. Como te transferí mis sentimientos. Como te
ofrecí sosiego y agua; para aliviar tu sed de paz, y apagar el incendio que
tu espíritu mata.
Porque es tanta mi querencia, que por ti, amor, lidiaré contra el abismo
de tus noches, hasta alcanzar el vértice de tus alboradas, cuando a mí
retornes, redivivo, de tan larga madrugada…

martes, 25 de noviembre de 2008

Soles desdibujados

Sobre la ciudad llovían noviembres.
Las calles, a media luz,
invitaban a demorarse entre sus sombras.
Escoltado por el aire deambulé,
suspendido en mi espíritu.
En la distancia,
el recoleto jardín que frecuentamos
era un estampa que,
a través de la mirada,
me contagiaba de invierno.
Un sol desdibujado,
armonizaba con la fatiga que,
lentamente, acanalaba mis entrañas;
mientras mis pasos, abreviados,
temían allegarse hasta la casa,
donde sabía que, con los brazos abiertos,
me recibiría tu ausencia.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Cenizas

Ayer murió el amor nuestro.
No hubo réquiem ni campanas;
no hubo dudas ni pañuelos;
no hubo piedad en la partida;
no hubo clamores ni tormento;
no hubo juez ni veredicto;
no hubo trauma ni esmero;
no hubo signos profanados;
no hubo epílogo ni pretextos.
Difunto nuestro amor,
cenizas sus huesos.

domingo, 5 de octubre de 2008

Siempre noche

Has dejado de ser feliz,
el amor huyó de tus manos.
Ya no divisas el claror del día
con los ojos de ilusión pintados.
Ya no trae aroma de flores la brisa,
se agostaron de desamor tus nardos.
Sentirás la noche alargarse
a través de las ventanas.
No habrá soles que derritan
la escarcha de tu sangre traicionada.
Vestido de penitente,
el corazón consuela al alma.
Tu orbe tomó color ocaso,
matiz de sueños rotos;
tonalidad de desesperanza.
En tu espejo nada se divisa,
ni tan siquiera el dolor te habla.
No eres feliz.
El amor se diluyó entre lágrimas.
En las caricias que nadie quiso,
los besos ignorados,la pasión menospreciada.
Ya sólo te acompaña la tristeza
con su agridulce remembranza.
Una corriente que sin piedad
al mar del olvido te arrastra.

lunes, 29 de setiembre de 2008

La atracción de las tinieblas

Resides ahí, en un saliente, de cara al precipicio;
tú, a quien tanto amo.
Te bamboleas, mostrando tu insolente sonrisa de estrellas
y a mi corazón lo invade en hordas la angustia ciega.
Me obstino en ampararte con mi sombra,
Y, sublevada, con mis frágiles fuerzas pugno
por evitar lo irrevocable: tu destino.
Infatigables buitres te sobrevuelan.
Carroñeros que tú mismo atraes a tus aires.
De rocas hace tiempo se perfilan tus caminos
e, insurrecta, te niegas a esquivarlas.
Te deslizas presurosa hacia un mar de hostilidades,
sin calibrar el peligro de sus tortuosas orillas
y aún en tu delirio, ondeas ufanamente las banderas,
así la ola más fiera te avizore y trague.
Ya las palabras que ante ti esgrimí perdieron sustancia,
y mis armas -por siempre blancas- de estériles se oxidaron.
Y aquí estoy, impotente ante las tinieblas que te abarcan
y a las que, inconsciente y desnuda, codicias prodigarte.
Y sé, porque mi amor por ti es infinito,
que, incluso hasta esas tinieblas frente a las que
con tanta fe luché para evitarte,
me adentraré contigo...

Me voy a ir de ti...

Me voy a ir de ti. Marcharé sin equipaje; no se cargan valijas en la huída. Partiré con el alma descubierta, y expuesto el corazón sangrante.
Me voy a ir de ti. Tomaré la senda más umbría ni la sombra celará mi sentencia. Entornaré la mirada para que la luz no hiera mi llanto ni la retina ilustre la ausencia.
Me voy a ir de ti. Hollando la tierra, los pies, resecaran cada metro desahuciado; permutando el rastro en polvo, la huella en ceniza. Dejando el camino sumido en pantanos de arenas. Sin senderos de retornos.
Me voy a ir de ti. A la mente entregaré las llaves del delirio. Despreciando al desamor me desprenderé de su martirio; como de una piel que ya no vibra o una sangre sin latidos.
Me voy a ir de ti. Custodiaré mi pasión en otro templo. Lejos de tu nulo amor; a lontananza de tu silencio.

sábado, 30 de agosto de 2008

Instantes

Entre tus manos confinaste las mías;
nunca hubo prisión más dulce.
Todo el peso de tu deseo
en aquella caricia,
todo el ancho del amor
en la yema de mis dedos.
Luego, aún las manos fundidas,
apartamos de ellas la mirada,
y se encontraron nuestros ojos.
Espejos que jamás necesitaron
la pericia de la palabra.
Todo el peso del deseo
en ese tu contemplarme,
todo el ancho del amor
en mis pupilas.
El mundo detenido.
Interrumpieron los pájaros el vuelo.
Cesó el viento de bambolear ramas.
Hasta el mar enmudeció las caracolas
y decretó silencio a sus olas.
Todo el peso de tu deseo
a mis sentidos suspira.
Todo el ancho del amor,
en mi corazón danza.
Tú y yo,
suspendidos en ese instante recogido,
donde concordaron nuestras almas.

martes, 12 de agosto de 2008

Se aleja...

Se aleja de ti aquella que pensaste sombra sempiterna.
Se aleja sin que te percates de la sima que, implacablemente, os
distancia. Inconmovible sonríes; la certidumbre ofusca tu
entendimiento. Tan irrefutable juzgaste su lealtad que te abonaste al
silencio y ni una palabra blanca tributaste a la pasión que languidecía.
Se marcha. Llueve en su mirada y las tormentas truenan en sus
manos. En la boca los besos que despreciaste; dormirán eternamente.
Suspira. Sin volver la mirada, suspira. Y el aire abrasa el jardín de su
pecho. En el corazón las flechas a dolores se desprenden, dejándolo
en carne viva. El reloj tritura los minutos mientras ella, cada paso más
ágil, salmodia al olvido.
A lontananza divisa tímida la luz y una dama, de verde vestida, le
muestra el principio del fin; alumbrándole la salida.

jueves, 10 de julio de 2008

Ingenuo corazón


No te engañes corazón, que no emanan de su boca para ti esos
besos. Que no germinan de su pasión para ti esas caricias. Que tienen
destino corazón, y ante ti, de largo pasan.

No te engañes corazón, por el brillo febril de su mirada, que su amor
no busca, de tus pupilas el reflejo. Que por ti, su deseo no prende
llamas. Y las estrellas que portan sus manos, a tu cielo no van
asignadas. Ni para tus latidos, él desata sus latidos.

No te engañes corazón, que no se esbozaron para ti esas odas. Que
no se fraguaron en su alma, para la tuya, esos te quiero. Que esos
sones de ruiseñores no vienen a cantar ante tu puerta su serenata.
Que son para otros sentidos corazón, y a ellos van ofrendados.

No te engañes corazón, no te desprendas de tu coraza, que de ondas
de indolencia vienen sus actos salpicados, y si te ven desnuda y
confiada, acabarás nuevamente de desengaño herida.

No te engañes corazón, sécate esas lágrimas, que no merecen el
llanto los falsos ídolos. Enjúgate los ojos, alza el semblante, y bajo un
sol naciente ampárate de la mala sombra, que la esperanza ante ti se
arrodilla y entre sus brazos te acoge.

El poeta...


Lluvia, mar, luna, hoja...
El poeta que dice no sentir nada y siente todo. Una gota de rocío le
hiere y de melancolía sangra.

Rosas, anhelo, auroras...
El poeta en las nubes encumbra a la alegría y de pétalos siembra los
cielos. Las estrellas reposan en sus manos y la luz del amor quema
sus dedos, que apagan la sed en la nieve del papel.

Ceniza, soledad, sentimiento...
El poeta que se conmueve más de lo que ansía y así mismo se miente
para equilibrar sus emociones. Un beso es arder en la hoguera o el
puñal de la ausencia; los recuerdos, el nido de la añoranza.

Corazón, alma, esencia...
El poeta: claror o sombra. Goza, suspira, huye, se reencuentra.
Se eleva y desciende; sonríe o se lamenta en cada poema, y ensalza la
vida o la muerte verso a verso.

sábado, 28 de junio de 2008

Escarcha


La escarcha perfiló sus labios.
El desamor nevó en su garganta.
Las promesas infringidas
oxidaron desesperanza y
ahora duermen sumergidas
en un silencio de agua.

En ese invierno temprano
que se derramó sobre el alma,
los vientos son cuchillos
que hieren hasta las lágrimas.

El corazón de calor adolece
y, en ese amor que un día
envidia fue de la llama,
ya sólo impera la ausencia,
profunda y desalmada.

viernes, 13 de junio de 2008

Ahora...

Ahora vivo a espaldas de tu nombre, de ti, confundidas huyeron mis
palabras,
aunque de vez en cuando, un verso, se empeña en redimirte
del abismo al que tú mismo te condenaste.
La libertad allana las trochas del olvido.
En el argentino espejo, que me devuelve la mirada,
el desamor, escuálido y desnudo, rubrica su epitafio.
Dejó de pesar en mis manos el ancho vacío de lo perdido.
Ya no queda ni el espectro de las caricias que te entregara.
Ahora vivo a espaldas de tu nombre, y en mi corazón,
en lugar de densa sangre enamorada, circula el agua.

jueves, 15 de mayo de 2008

Sin título


Del sino del viento prisionero,
con grilletes de espuma encadenado,
huyendo a desgana de los cantos de sirenas,
este Ulises, al que ya ni Penélope espera,
abdica de arribar a su Ítaca.

Hastiado de avizorar el ocaso,
por si de un postrero rayo
viniera colgada la esperanza,
al oeste del averno se sienta,
anhelando que, desde la otra orilla,
a rescatarlo de ese vivir sin vida,
acuda el barquero de la Parca.

domingo, 11 de mayo de 2008

Último beso


Llamaron a tus sentidos sus besos.
Recibirlos no quisiste,
del orgullo ibas presa.

Mas, de vez en cuando te liberas,
dejándote mecer por ellos.

Y regresas a sus dominios,
anhelando rozar el cielo.
El ensueño te eleva sobre un mar de espuma.
Socava tu vientre el pájaro del deseo.
El sur del éxtasis pretendes transitar;
mas la realidad te golpea -olvida ese sueño-.

Vientos de nieve te derriban
y, herida de nostalgia, caes al suelo.

Llamaron a tus sentidos sus besos.
Recibirlos no quisiste,
los obviaste con desprecio.
Y allí donde otro para ti se inventó la llama,
sólo quedan cenizas y recuerdos.

sábado, 3 de mayo de 2008

Te acuerdas...


¿Te acuerdas?

Vencimos a la soledad,
adalid de nuestro universo,
pintamos de estrellas las paredes
y sembramos de pájaros el cielo.

Unidos,
derrotamos al invierno,
con soles de risas
y caricias de fuego.
La primavera se adelantó,
era diciembre
y florecieron los cerezos.
La nieve se volvió azahar
y nos ciñó con guirnalda de pétalos.

Arrinconamos prejuicios,
nos sedujimos sin complejos,
resurgimos de mutuas cenizas,
conferimos música a los silencios.
Y a la par deshojamos
la cárdena rosa de los secretos.

Y fuimos corazones afinados,
almas emergiendo de un sueño,
que acabaron desatándose
de las cadenas de ese infierno;
donde por separado sobrevivimos
hasta aquel suspirado encuentro.

¿Te acuerdas?
Venga,
volvamos a querernos.