Pábulo no demos a esta despedida.
Mantengamos la frente alta
y el alma erguida.
Exhibamos a dúo las falsas sonrisas:
la que yerra por tu boca,
la que en mis labios se marchita.
Roja flor, perdiendo pétalos
a favor de las espinas.
Erijamos sin demora
fronteras equitativas.
Y aislémonos a suturar
cada cual su propia herida.
A medias
matamos una pasión que,
cuando briosa germinaba,
en dulce fuego nos consumía.
Y ahora, llegado el crepúsculo,
nos sucumbió el amor,
tras lenta agonía.
Y aunque de acuerdo estemos
en que este adiós nos deja
las entrañas doloridas,
sabedores somos
que el desamor que nos dedicábamos
infinitamente más dolía.
Pábulo no demos a esta despedida.
Mantengamos la frente alta
y el alma erguida.
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