Te veré mañana...
Aguárdame en la hora más tenebrosa de la soledad esclarecida.
Presiénteme constante a tu costado, allá en las aristas del crepúsculo,
o en la incomparable cerrazón de la madrugada.
Espérame en la última frontera de esa pasión que nos puebla.
Te veré mañana...
Aunque se desvanezcan bajo mis huellas los caminos
y sólo al espíritu quede fortaleza para a ti allegarme.
No podrán detenerme tempestades ni mareas;
ni siquiera las multitudes en los andenes.
Espérame a la diestra de vergeles decadentes
o en las exuberantes ramas de la aurora.
Mi fervor conquistará rompientes
como fragata en pos de una isla en la esperanza.
Te veré mañana...
Aunque haya de arrancar, una a una, las espinas al exilio.
Espérame que iré, aunque la nieve de tu olvido escinda mis alas.
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