Hoy le vio.
Caminaba a largos pasos, inclinada la frente. Como siempre, iba
abstraído en sus pensamientos, a saber qué pesadillas lo aturdían
ahora. Lo presintió triste, o quizá fuese el cielo que, augurando lluvia,
teñía todo con esa pátina gris de los días plomizos. Sintió unas
terribles ganas de acercarse a ella y abrazarla, pero, de sobra sabe, que
su atrevimiento no sería bienvenido e, infinitamente menos, la ternura
imposible de enmascarar, que, libre de orgullo, escapaba de su ser.
Desde donde se hallaba, oculta a la austera mirada de ella, le vio pasar,
y su corazón, aún por la nostalgia perturbado, emitió un quejido. Y
hasta los ojos, a aquellos pasos engarzados, asomó una demorada
lágrima, tan insondable que ni siquiera el alma sospechaba que aún
existiera latido en aquella sima, donde se despeñó su amor el día
aquel que ése, que ahora pasa, abandonó su vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario