lunes, 5 de enero de 2009

Maquillando soledades

Tomándola entre sus manos, con toda su fuerza, la abrazó contra su
pecho, y este gesto la reconfortó en su soledad. Sintió en el alma el
calor del contacto, algo parecido a un rayito de sol en febrero. El
corazón casi se le derrite de ternura, y unas lágrimas, excesivamente
ardientes, escaparon de sus ojos; y fueron, tal gotas de lluvia que
empapa la campiña tras semanas de sequía.
Tras restablecerse de su momentánea debilidad, se atusó el pelo, y
con el dorso de la mano, secó los estragos de la salina lluvia en su
semblante. Luego, un tanto avergonzada de su proceder,
cariñosamente la depositó sobre el cubrecama.
…Y allí quedó la muñeca de trapo, impasible, con la mirada ciega de
sus iris de vidrio, ajena al efímero bien que había obrado...
“Para los que de soledad padecen, algo es más que
cero, aunque tan sólo sean unas hebras, de ideado
afecto.”

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