Tus lentas manos
aceleran mi corazón
embelesado.
Sobre mí tez descienden
como lluvia de abril,
anegando de emoción
a este ser que, cautivado,
te contempla
y que perdida tenía la fe
en amores trasnochados.
Ahora, la piel recobra,
a pétalos, la juventud;
mientras, como rosas,
la pasión aflora
en el vientre arrebatado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario